Si estás leyendo esto, ya es tarde. Ya estás en el grupo. Ya viste los buenos días con gif de amanecer. Ya recibiste la cadena que te promete suerte si la reenviás a diez personas. Ya leíste la receta de la tía Marta que empieza con “yo le pongo un toque especial” y termina siendo mayonesa con ketchup.
No te preocupes. Hay sobrevivientes. Yo soy uno de ellos. Y estoy aquí para compartir lo que aprendí.
Regla número uno: nunca silencies el grupo. Sé que suena contraintuitivo. Pero si lo silenciás, acumulás 347 mensajes sin leer y la culpa te come vivo. Es mejor recibir los mensajes en tiempo real y procesar el dolor en dosis pequeñas.
Regla número dos: nunca, bajo ninguna circunstancia, corrijas una fake news en el grupo. Sé que tu tío acaba de compartir que la NASA confirmó que mañana Marte se va a ver del tamaño de la Luna. Sé que es mentira. Sé que lleva circulando desde 2003. Pero si lo corregís, vas a recibir un audio de 4 minutos y 37 segundos donde tu tío te explica que “él lo vio en un noticiero muy serio” y que “los jóvenes de hoy se creen que saben todo por internet”. No vale la pena. Dejá que Marte sea grande.
Regla número tres: desarrollá un sistema de respuestas universales que sirvan para cualquier situación. Mis recomendaciones son: el emoji de las manos juntas (sirve para gracias, amén, namaste, y “no tengo idea de qué estás hablando pero no quiero problemas”), el corazón rojo (para cuando tu abuela manda una foto del perro), y el clásico “jajaja” (para todo lo demás).
Regla número cuatro: jamás compartas tu opinión política. El grupo familiar de WhatsApp es el único lugar del universo donde un debate sobre las elecciones puede terminar en una discusión sobre quién hace mejor los ravioles. Y de ahí, inevitablemente, se llega al tema de la herencia del abuelo. No hay vuelta atrás después de la herencia del abuelo.
Regla número cinco: aceptá que el grupo tiene vida propia. Hay momentos en que está muerto durante semanas y de repente, un martes a las 11 de la noche, alguien manda “¿se acuerdan de cuando el primo Raúl se cayó en la pileta?” y se desata una conversación de 200 mensajes que termina a las 3 de la mañana con tu madre mandando fotos de tu cumpleaños de cinco años donde estás desnudo con una torta.
Regla número seis — y esta es la más importante: no te vayas del grupo. Sé que querés. Sé que cada fibra de tu ser te pide que toques “Abandonar grupo” y te liberes para siempre. Pero si lo hacés, tu madre te va a llamar por teléfono — sí, por teléfono, como en 1998 — y te va a preguntar “¿qué te hicimos?” con una voz que te va a hacer sentir peor que cualquier cadena de buenas noches.
Quedáte. Sufría en silencio. Respondé con emojis.
Bienvenido a la familia.
